Hay temas que generan discusiones eternas. Y uno de esos es este: cables vintage, PVC o teflón.
Te lo digo como lo veo todos los días en el taller: a veces el músico viene convencido de que el problema es “el tono”, pero cuando empezás a revisar… el problema es más simple: un cable reseco, una soldadura dudosa, una masa mal resuelta o un tramo de cable que ya no está confiable.
Y claro: si el circuito no es confiable, el sonido tampoco.
Así que hoy quiero ordenar este tema con dos objetivos:
que entiendas qué es marketing y qué es real,
que sepas qué mirar si querés mejorar tu instrumento sin tirar plata.
En los inicios de la guitarra eléctrica, el cable recubierto en tela (muy asociado a Fender/Gibson de los ‘50) era lo más común. Se lo suele nombrar como “vintage” y también se lo asocia a la marca Celanese (por el tipo de recubrimiento y época).
Después, con los años y la industrialización, el mercado fue migrando a cables con aislación plástica (PVC) por disponibilidad, costos y estandarización. Más adelante aparecen opciones como PTFE (teflón) en ámbitos donde se busca durabilidad, resistencia al calor y prolijidad al soldar.
Hasta acá: contexto. Ahora vamos a lo que importa de verdad.
Suele venir en 22 AWG (muy típico), muchas veces multifilar, y hoy también se consigue con núcleo sólido.

¿Cuál es su ventaja real?
Es cómodo para algunos trabajos, queda “correcto” estéticamente en restauraciones, y para cierto público tiene ese encanto histórico.
¿Cuál es el punto débil real?
Con los años, la tela junta principalmente humedad.
¿Qué pasa? No es magia: aparecen ruidos, falsos contactos y problemas de confiabilidad.
Esto lo ves muchísimo en instrumentos con décadas encima: no es “que el cable de tela suena mal”, es que envejece y a veces llega un punto donde deja de ser confiable.
Este es el clásico cable con malla metálica alrededor. Tiene su lógica: reducir interferencias en tramos sensibles.
Pero también tiene una contra: si no está bien terminado, la malla puede tocar donde no debe y ahí aparecen cortos, ruidos intermitentes o fallas difíciles de rastrear.

Es el más común hoy en día. Hay PVC excelente… y PVC barato que es un dolor de cabeza.
Y acá dejo la frase tal cual la pediste porque es la forma más clara y más “a prueba de discusión”:
“En la práctica, lo que más cambia no es ‘PVC vs tela’, sino la calidad del cable, su apantallado y su capacitancia. Un PVC bueno puede andar bárbaro. Uno barato te puede traer problemas.”
Eso es exactamente lo que pasa. No es la etiqueta. Es la calidad real.

Este es el que muchos elegimos cuando queremos un trabajo prolijo y durable.
No porque “sea mágico”, sino por algo bien concreto: soporta temperatura, no se derrite fácil con el soldador, y en general envejece muy bien. Si el instrumento va a laburar mucho, esto suma.

Acá viene la parte más importante del post.
La gente subestima muchísimo esto. Y pasa lo siguiente:
Si alguna vez medís el cableado interno de algunas guitarras, te sorprendés. En muchos casos hay más recorrido del que imaginás, y eso suma capacitancia y posibles puntos de falla.
Más cable = más recorrido = más chances de:
sumar capacitancia total,
sumar puntos de posible falla,
hacer que un instrumento sea más sensible a ruidos si el layout está mal resuelto.
No es para paranoiquear: es para entender por qué un circuito “desprolijo” a veces suena y se comporta peor.
En instrumentos pasivos (guitarra/bajo clásico), estamos hablando de señales muy pequeñas. Por eso:
capacitancia y
cómo está armado el circuito
pesan mucho más de lo que la mayoría imagina.
Si la capacitancia total se dispara (por cableado, por el cable al ampli, por el layout, etc.), lo que suele pasar es: se recortan agudos antes y el instrumento se siente más “tapado”.
Un cable bueno mal puesto puede rendir peor que un cable normal bien puesto.
Puntos típicos que veo:
cables largos “enredados” donde no hace falta,
señal pegada a masas donde no conviene,
soldaduras frías o con exceso de estaño,
falsos contactos que aparecen “cuando se mueve”.
Esto es clave. Porque vos podés tener “el mejor cable del mundo”, pero si un punto del circuito:
está al límite,
está oxidado,
o hace falso contacto,
te arruina un show o una grabación.
Te lo simplifico:
¿Restauración vintage / estética clásica? Cable de tela, pero sabiendo que con los años puede joder si no es de buena calidad o si ya está envejecido.
¿Quiero algo práctico, confiable y fácil de conseguir? PVC de buena calidad.
¿Quiero durabilidad y prolijidad para laburo fino? PTFE (teflón), muy buena opción.
¿Necesito tramos sensibles sin ruido? Blindado, pero bien terminado y con criterio.
Si te interesa aprender a resolver estas cosas con criterio (y sin adivinar), en mi curso de Electrónica de los instrumentos explico paso a paso cómo pensar el circuito como un sistema completo: componentes, cableado, masas, apantallado y mods útiles.
Y si te quedó alguna duda, podés escribirme.
¡Abrazo!
No por ser “vintage”. Puede funcionar perfecto, pero no es una varita mágica. Lo que más mueve la aguja es capacitancia total, layout, apantallado y calidad del trabajo.
Sí. Por capacitancia, por mala calidad, por ruteo, por soldaduras, o por fallas intermitentes. A veces no es “el mic”: es el circuito.
Muchísimo. Probá lo clásico: mismo instrumento, mismo ampli, y cambiá solo el cable (3 m vs 6 m). Si tenés oído, lo notás.
Lo típico es 22 AWG, pero depende del objetivo, del espacio y del armado. Lo importante es no mezclar por mezclar y mantener un criterio.
No. Es útil en tramos sensibles, pero si está mal terminado puede traerte cortos o ruidos intermitentes. Es herramienta, no religión.
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